LA INFLUENCIA ECONÓMICA DE LOS VALORES
Muchos son los que hablan de la conveniencia de separar los distintos ámbitos que conforman la vida del sujeto y de la sociedad. Para ellos no existe, o más bien no es de su agrado que exista, una interrelación entre los mismos. Política, religión, economía, filosofía, ciencia, sociedad.
Pues bien, cualquiera de estos conceptos tiene su medio y su fin en el hombre. Cualquiera ha de contribuir a mejorar a la persona. Y la realidad es que cualquiera depende de los demás.
La economía es enfocada y dirigida a partir de unas condiciones ex ante; es decir, unas condiciones que vienen dadas y que forman parte del contexto sobre el que hay que actuar. Pero, ¿de qué dependen esas condiciones ex ante?, y ¿qué es lo que diferencia los resultados de las actuaciones de los distintos agentes en la materia?
Las condiciones ex ante de las que hablamos son, como decimos, aquellas que sirven luego para llevar a cabo una serie de actuaciones macroeconómicas, que persiguen la mejor marcha de las macromagnitudes del país.
No es lo mismo trabajar con un país con una tasa moderada de natalidad que con un país que tiene la tasa más baja del mundo. No es lo mismo trabajar con un país que destaca por su eficiencia en la educación que con un país que tiene un alto ratio de fracaso escolar. No es lo mismo que un país tenga un elevado porcentaje de criminalidad e inestabilidad que un país que sobresalga por su bonanza social. No es lo mismo que en un país haya espíritu de trabajo y de patria, a que no lo haya.
Son las bajas tasas de natalidad las que hacen que hoy en día esté en peligro el Estado de Bienestar, en cuanto a que lo está uno de sus pilares esenciales, que es el sistema de pensiones. La población más joven, la que se caracteriza por el fuerte estímulo al consumo y por lo tanto a la demanda agregada, desaparece. La Sanidad soporta el envejecimiento de una población en la que los «inactivos» crecen más que proporcionalmente frente a los «activos». ¿Por qué?
Es el elevado fracaso escolar el que merma la formación de capital humano, elemento básico para la consecución del desarrollo económico. La investigación y la contribución al bienestar decrecen y el sistema general de cotizaciones se reduce. ¿Por qué?
Son las crecientes tasas de delincuencia y criminalidad las que hacen que zonas de determinadas ciudades se depriman y se conviertan en marginales. Son aquellas las que provocan que se reduzcan las inversiones económicas al no existir la perspectiva de estabilidad. ¿Por qué?
Es el espíritu de esfuerzo y de trabajo. Es el espíritu de unidad familiar y de nación el que hace que un individuo se sobreponga a las dificultades, y que crea en su superación personal y en la prosperidad de su país. Es el esfuerzo el que lleva al estudio y al trabajo, y sin esto no hay avance económico. ¿Por qué?
Pues bien, ¿A qué se debe que estas variables se comporten de este modo? Puesto que, como hemos dicho, estas son las condiciones con las que deben bregar los agentes económicos.
Si pensamos en la natalidad, pensemos en el nulo apoyo que se le muestra a la institución familiar. Leyes promulgadoras del divorcio; casi cien mil abortos al año en España; televisión con modelos de familia irreales o en todo caso falsos; el gasto más bajo de Europa con destino al capítulo Familia; baja del número de matrimonios y retardo en la edad de casamiento. ¿Por qué?
Si pensamos en el fracaso escolar, encontramos que el imput «estabilidad socio-familiar» está considerado como el más importante en cuanto a los resultados escolares. Pensemos aquí en el punto anterior y entenderemos cómo las familias rotas influyen decisivamente en los chavales; cómo influye también en ese fracaso escolar el modelo de libertinaje en el que la existencia de drogas, alcohol y sexo está presente de todas a todas e influye en los resultados, en la actitud y en la energía de los estudiantes. Pensemos si no empezamos a observar diversas interrelaciones. ¿Por qué?
Si ahora nos ocupamos de la delincuencia, es claro el hecho de que ésta ha variado respecto a hace unas décadas. También es cierto que las películas que se hacían antes eran muy distintas que las de ahora. También lo eran los programas de televisión. También había clases de urbanidad. También había valores de referencia no cuestionados. La gente no hacía «lo que le daba la gana», saltándose la norma en aras de la «libertad y democracia». Y la realidad es que esta delincuencia no es exclusividad de la inmigración. Lo es de un conjunto de variables en las que en primer término figura el relativismo y el desprecio hacia el Bien. Pero aquí vuelven las interrelaciones. Drogas, televisión poco constructiva, poca unidad familiar.
Nos vamos ahora al espíritu de Patria, el espíritu de trabajo y el espíritu de superación. El materialismo, el consumismo y lo fácil agotan a la gente. La gente está agotada por el relativismo. No hay unidad. No se quiere que exista; y la única superación que busca el individuo es la referente al sexo y a lo material. No importa dejar pasar los años. Tener hijos, o más bien -1 hijo- queda algo lejano aún. No importa separarse porque como todos somos muy maduros, se sabrá llevar bien y ello no repercutirá en los estudios de los jóvenes de la casa. No importa que la familia no esté unida o que no exista. No importa que cada uno siga haciendo lo que quiera. No importa que no se trabaje con sentimiento de grupo. Tampoco que nuestro país sea un pelele internacional sin otra idiosincrasia que la de ser una fábrica de películas deleznables. Sin otra idiosincrasia que la de emitir tres palabritas bonitas, «alianza de civilizaciones»; cuando no se tiene la Voluntad de defender y hablar a nivel internacional del Bien. Sencillamente porque se desprecia.
Tenemos entonces que hemos hablado de aquel aspecto social que es base para la marcha económica. Porque la economía no es sólo una cuestión de «manejarla» bien o mal. Se trata también de crear una serie de condiciones o cimientos que faciliten las posteriores acciones de aquellos agentes económicos. Hemos hablado por lo tanto de las «condiciones ex ante».
Y hemos observado brevemente como varían los resultados de tener unas variables determinadas decantadas hacia lo positivo o hacia lo negativo.
Tenemos por fin. Hoy, los valores se desprecian. Porque se desprecia el catolicismo. Porque lo único definitivo es el relativismo. Porque el relativismo no impone ninguna referencia de corrección o de Bien al individuo. Porque ahora el único «bien» es que hay que aceptar y respetar todas las opciones. La razón queda relegada y se pretende la anulación del aprendizaje venido por las experiencias y vivencias personales y sociales.
Los valores, unidos a la razón, quedan en fin postergados. Aquellos que a sí mismos se llaman racionalistas deberían al menos aceptarlos, a pesar de -no creer-. No es así. Aunque hemos visto cómo la moral influye en el campo económico, al igual que en todos los demás, aquellos «intelectuales» y también los «politiquejos», seguirán diciendo: libertad, democracia, pluralismo... pero nunca hablarán de Bien, o de Libertad; ni tampoco de sus continuas actuaciones demagógicas.
